Llega la tarde, estamos en la casa de campo (o en la de la playa), y nos apetece echarnos una siesta o ver una película en el salón junto al ventilador.

Pero no lo hacemos porque el niño está jugando en el jardín, y nos da miedo que se caiga a la piscina, así que tú o tu pareja tiene que hacer el turno y quedarse “de guardia”, o bien obligar al pequeño a entrar en casa.

Se trata de una pulsera, que al caer al agua activa una alarma que puede colocarse hasta a 30 metros de la piscina. Si el pequeño cae, oiremos la alarma y podremos acudir raudos al rescate. Eso sí, cuesta la friolera de 250 euros, así que cada uno que decida si le merece o no la pena.

Vía | Domocasas